
Los que hacemos deporte de forma amateur, lo hacemos porque realmente nos gusta y sentimos al deporte. No hay premios, primas ni sueldo y hasta pagamos para poder jugar.
Las lesiones son la parte fea de esta historia, más si son lesiones que llevan mucho tiempo en recuperar y conllevan una intervención quirúrgica (ni hablar si son dos seguidas y a los 20 años). La vida del lesionado se sumerge en un lago negro, al cual no se le ve el fondo pero al principio tampoco la superficie. Son momentos en donde ya no se habla de jugador sino de la persona, que en la mayoria de los casos pasa al olvido popular de la gente del club para dejarle lugar a los "sanos" del momento. Los entrenadores que te llamaban para ver si estabas 10 puntos para el fin de semana dejan de hacerlo, ojo no por mala leche, sino porque no les servis en ese momento y lo mas lógico es que no te tengan en cuenta.
El lesionado es, por un tiempo, el que lleva el agua, el ty, llena la planilla, busca pelotas y escudos, etc,etc.
Hay quienes se caen más y los que son mentalmente más fuertes y pueden soportar las idas a los medicos, kinesiologos, masajistas y todo tipo de especialistas que lleven a una solución inmediata.
Sólo se sale de esa oscuridad volviendo a jugar, a tocar la pelota, a hblar de igual a igual con tus compañeros, en pensar en el partido del sabado y no en el boliche del viernes... eso es felicidad.
Por eso, si tenesmos a un compañero lesionado nunca dejemos que caiga en ese lago negro y aún menos que se hunda para nunca más regresar.

